jueves, 25 de octubre de 2007
Idolos
El joven en cuestión, que se llamaba Ignacio de apellido raro no muy chileno, estaba en la boca de todos dentro del curso. ¿Por qué? Era el modelo perfecto de niño bueno y cooperador. También era considerado apuesto, y las niñas del curso se morían por él. El cabello cual rayos de sol, la cara blanca y los ojos verdes hacía alborotar los espíritus de aquellas mujeres. El gran defecto era algo creído y no recibía muy bien a la gente nueva que llegaba al curso. Hasta que llegó Andrea, una niña no muy agraciada, según lo que me contaron. A pesar de que no era una beldad, ella se ganaba a la gente por su simpatía y su forma de ser. Ignacio la ignoraba y Andrea se llevaba muy bien con sus compañeras y compañeros, menos con él. Poco a poco, Ignacio quedó solo y callado, mientras ella tenía a toda la gente a su lado. Fue triste el fin de año: el joven que algún día fue querido, se fue del colegio. No por malas notas, pero el director le dijo que su comportamiento no era el adecuado. Y fue su fin.
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1 comentario:
Parecía que él sabía bien sus tácticas para interactuar con la gente, pero no supo COMO llevarlas a cabo.
Tanto tiempo sin comentarte jaja
Cuidate (:
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